jueves, 24 de abril de 2014



Ahora que no estás, me toca adivinar

 a la rosa y la hiedra gárgolas del jardín,

me va, hacerme cargo de mis cacharros

y de mis pesos muertos.



No siempre las plumas fueron tan frágiles

ni los pies tan pesados, recuerdo aún

algunas noches de calladas lunas

y de horizontadas  nanas,  en donde

derramada en tus brazos era

era río, mar y continente.



Ahora que no estás,

las tapias me parecen infranqueables

la soga se ha hecho corta y no hay palabras

que me hagan crecer alas.

Los charcos se me hacen mares

y me detengo,  como buque hundido, para mirarme

desde la bastedad de los vacíos.

                                                                            

Alejandra Pérez Chico