Un 16 de abril, nació “la coloradita”. Enedina Sarmiento, comenzó con los dolores de parto una madrugada cálida en el pueblo. Gregorio, su marido que esperó impaciente por nueve meses la llegada de su primer hijo o hija, salió corriendo por la partera del lugar. Como en todo pueblo chico, un nacimiento representaba un enorme acontecimiento, por eso alrededor de las 7 y con el trabajo de parto ya muy avanzado, la pequeña casa de este matrimonio, se convirtió en sala de espera para la llegada del nuevo ser.
No se hizo esperar, llegó con profundos lamentos y gritos de dolor de la madre y con nulo llanto de ella y así sería para el resto de sus vidas.
Al recibir a la pequeña los ojos de la partera y del padre se hicieron como platos de huevos estrellados. No dijeron palabra alguna, se limitaron a pasar a la niña a los brazos de otra comadrona encargada de lavarla y vestirla. Enseguida las voces comenzaron a escucharse: -que coloradita-, -está re colorada-. Unos la veían con asombro, otros con miedo y muchos más, divertidos por la extraña diferencia.
Cuando se la pasaron a Enedina, toda envuelta entre sabanitas bordadas y en donde el rojo de la cara de la niña hacia un contraste inmenso, Enedina comenzó a gritar y a llorar, aunque ya había escuchado los comentario dedicados a su niña, le quitó sábanas y ropa, buscando cola y cuernos pues era como si Belcebú hubiera procreado a esta extrañísima criatura.
El tiempo pasó y “coloradita”, como la llamaba todo el pueblo…creció. La gente se acostumbró a su aspecto y a su color. La “coloradita” era igual que su color, chispeante, graciosa, llena de movimiento y de gracia. La gente dejó de preguntarse a qué se debían su diferencia, menos su madre, que aunque la amaba lloraba, eternamente su desgracia. Diario se preguntaba qué había hecho ella para que esa niña, saliera así de colorada. Pensaba que tal vez había sido las aguas del manantial que bajaban del volcán cercano al pueblo a las que tenían prohibido entrar, y a las que desobedeciendo ella y sus amigas se habían inmerso durante dos o tres días de las últimas vacaciones, cuando aún era virgen y no había ni señales en sus ojos, de trigos quebrados por el peso de dos y mucho menos el olor sobre su sexo de un par de manos, que recién habían tejido mimbre. Pensaba también que tal vez la noche en que con su amiga Estela se habían zampado más de veinte tunas cada una por un antojo del embarazo y de cómo por días había orinado y defecado colorado. Se atormentaba buscando respuestas que no poseía, mientras su hija se convertía en la mujer más aceptada, mas querida y más popular de su pueblo.
“La coloradita”, creció y era la mujer más bailadora y dicharachera de el lugar. Contaba los chistes más divertidos, era la consejera de las muchachas, amiga de los muchachos y la hija colorada que todos hubieran querido.
En el pueblo era usada como referencia para los forasteros, -ve usted dónde está la coloradita con falda azul, pues ahí es-, decían los lugareños. Los niños cantaban y jugaban a la ronda con este ser como sacado de una historia .Era extraño, una especie de mujer demonio con su dulzura, cantando rondas y tomada de las manos de los niños. Inventaba sus propios juegos, como el de búscale la cola a Lola, que era su nombre de Pila, y en donde el juego consistía en perseguirla hasta arrancarle una cola de diablilla que se pegaba en el trasero. Los niños la adoraban.
A la coloradita le comenzó a crecer la panza de apoco, pero su madre que la observaba tanto y tan profundo, lo notó inmediatamente. Un bulto pequeño en el estómago de la chica, colorado,(obviamente como ella) iba creciendo de apoco. Los padres acusaban a la chica de estar preñada, la azuzaban con preguntas y acusaciones. Ella solo lloraba y juraba que no había hecho nada de que arrepentirse o avergonzarse, la madre solo pensaba que tendría de nueva cuenta en casa el día de mañana, un nuevo pinguillo colorado danzando entre los muebles y la sola idea la asustaba.
Corrió el tiempo con la coloradita y su panza crecida, desafiando la visión de quién pasaba a su lado. Un buen día despertó coloradita con unas nauseas incontrolables, la madre asustada no entendía lo que ocurría, pues ese no era síntoma de parto. Aún así acerco hasta su hija una vasija para contener lo que seguro pasaría, el vómito inevitable. Coloradita no dejaba de expeler por la boca, un rojo, que no era sangre. De pronto un sonido seco en la vasija. Y un bulto hecho maraña fue arrojado por la boca de coloradita. La madre, saco el bulto. Y comenzó a abrir aquél amasijo rojo tratando de desentrañarlo y con ello también desentrañar esa extraña historia. Era una bolsa de plástico con una etiqueta que decía: “Mercería el Gallo de Oro” Anilina color rojo. Mezcle el contenido en un litro de agua. Un balde de agua fría le cayó a Enedina encima, cuando trajo los recuerdos a su mente. Tendría ella mas o menos tres meses de embarazo cuando estaba con Estela su amiga , pintaban sus faldas de manta con los más bellos colores, azules de cielos de primavera, verdes de laureles romanos, amarillos del sol de verano y rojos tornasolados. Ese día desapareció misteriosamente aquél sobre de anilina color rojo por lo que Enedina se quedó con las ganas de teñir su falda preferida. Hilando las cosas, llegó a la conclusión de que ese sobre era el mismo perdido por tanto tiempo. Pero ahora las preguntas nuevas eran: ¿cómo había ido a parar el sobre hasta el cuerpo de “Coloradita”? ¿sería qué primero entro al suyo y después al de la niña? Mientras ella se pensaba en todo esto, coloradita seguía expeliendo el color y entre más echaba fuera, más pálida y descolorida se ponía.
Coloradita, dejó de serlo y ahora todos le llaman en el pueblo, simplemente DITA.
10 comentarios:
Que interesante relato, mágico, con sus matices de leyenda.... me gustó, Mariposa, muy hermoso....
Saludos y abrazos.
simplemente DITA
muy agusto se siente el corazon al estar en tu blog
un gusto leer tu relato
encantador amiga
que tengas un genial dìa
miles de besos para ti
adios
adios.
Jajajaja perdona la risa querida amiga pero eres genial en esto de la narrativa y yo le encuentro mucho humor. No te conocía en esa faceta pero en verdad pones en expectativa al lector y no cansa en ningún momento aunque la salida final me resulte chistosa. Todas mis estrellas para ti.
-- que bonita cuento, de perder el color perderia la gracia pero sigue siendo adorable, gracias mariposa
...
Hola, hola...
Eres buena narradora mi querida Mariposa. Fluye bien.
Un cuento fantástico de principio a fin.
Gracias por poner la letra grande, yo soy medio cegatona jejeje.
Saludetes.
Mafalda
Marina... que vengas tú y digas esto me llena de alegría, en serio. Un beso bien grande mi hermana.
Sentir un gusto en el corazón tocayo...que bonito. No hay halago más bonito que ese, así que me doy por bien servida sobre todo viniendo de un cuentista, que no cuentero. Un abrazo tocayo.
Mi amigo Ángel... tu sabes lo que te admiro y sí tú dices todo eso, tan bonito no me lo creo pero....ahhh que bonito se siente. Te mando un beso gigaaanteee.
Y gracias a ti jota pe, por asomarte a este jardincillo. Y sí, tienes razón en lo que dices, este cuento tendrá por lo tanto, que tener una segunda parte ya lo toy planeando. Un beso bien grande para el cuentista enorme que tu eres, nada que Tonatiu o èse que tú dices, pa ti y no má pa ti.
Ayy Mafaldis... hasta que me encontré con ota cegatona como yo,jeje. Me emociona que te parezca bien este cuento cuentero y me encanta tenerte aca. Así que va un abrazo y un beso como bumerang pa ti.
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