miércoles, 21 de octubre de 2009

Y porque volví a ser niña.... Cuentos para dormir. Y sí son para dormirse jajaja.

















El personaje de este cuento, llegó al mundo de manera muy curiosa. Fue un día de marzo en que sin aviso alguno, el bosque entero se llenó de mariposas y violines cayendo del cielo. Sí eso, cómo lo oyes, violines. Cada aleteo de mariposas rasgaban las cuerdas de estos instrumentos, produciendo la más hermosa sinfonía que jamás había escuchado bosque alguno.
El bosque entero salió de sus casas, cuevas y rincones para participar en aquél espectáculo visual y sonoro. Todos, excepto Bertha y Zincadio, pues en ese preciso momento, ella daba a luz a su primer hijo dentro de su pequeña e iluminada cabaña.
El pequeño ser, parecía darse cuenta desde el vientre de su madre, de la tertulia y alboroto que había ahí afuera.
Lo primero que asomó fueron sus enormes manos, como querido prolongarlas hasta tocar la multitud de colorines que eran aquellas hermosas mariposas, que para este punto, ya se encontraban también, dentro de la cabaña de los sorprendidos padres.
Después vinieron un par de gigantescos platos redondos por ojos, queriendo comerse el paisaje entero y por supuesto a tan enormes proporciones, no podían faltar las gigantes orejas con el afán de escuchar el concierto que proporcionaban los violines caídos del cielo.
Bertha y Zincadio, no podían creer que “eso” era su hijo. Tenía cara de todo, excepto del bebé angelical, que ellos esperaban. Por lo que supusieron que habían parido un espíritu y no un niño, de ahí que lo nombraran: Zpiritipi.
Su nacimiento era como el anuncio de algo para el bosque. Aunque aún desconocían el mensaje.

Zpiripitipi creció, sin que en el bosque volvieran a ocurrir extraños eventos. Se convirtió en un niño como todos los de su bosque. Saltarín, cantador y animoso, sólo era diferente por su rara afición a buscar mariposas con la mirada (de sus gigantes ojos)en cualquier punto, queriendo volar junto con ellas y lo más inusual, era cuando sus enormes manos buscaban insistentes, en la multitud de troncos del bosque, alguno que emitiera sonidos o se convirtiera en un violín del que se desprendiera la música que todavía recordaba el día que había nacido.

El día de su cumpleaños número 7 comenzaron a suceder extraños eventos. Esa mañana de marzo, como había sucedido 7 años atrás, el cielo del bosque comenzó a obscurecerse. Pero esta vez, no fue por la presencia de mariposas y violines, sino por millares de pájaros azules. Eran verdaderamente aterradores. Tenían pequeños ojos negros, desde los que se podía ver y sentir su maldad, su rabia pero por sobre todo su tristeza.. Tenían garras y además no sabían cantar.
No volvió a salir el sol. El verde del bosque se fugó, las flores dejaron de crecer y los sonidos amables y familiares dejaron de ser escuchados. Los grillos guardaron sus cantos, las ardillas sus juegos y todo se volvió humedad y pantanos.
Los habitantes junto con su bosque se dedicaban a llorar dentro de sus casas y no se volvió a escuchar las risas de los niños, ni los cantos de las madres mientras planchaban.
Los padres dejaron de trabajar pues los embargaba la tristeza, no había tierras que cosechar, ni gallinas que pusieran huevos o vacas que dieran leche. De a poco la tristeza se tragaba todo, hasta la vida.

Zpiripitipi dejó de buscar mariposas y violines y permanecía encerrado en su casa sintiendo la tristeza de todos, pero el no lloraba, él pensaba: Si consigo encontrar una mariposa y un violín nacido de un árbol del bosque, seguramente podría devolver la felicidad a mi pueblo. No había olvidado nunca la sorpresa y la alegría que había traído aquél evento del pasado a la vida de su bosque.
Convenció a sus padres para ir al pueblo vecino a traer un poco de pan y leche. Todo con el fin por supuesto de ir a buscar las mariposas y violines.
Mientras iba camino al pueblo vecino, en medio de la obscuridad y el silencio provocado por los pájaros azules, observó a lo lejos un puntito de luz que se movía con rapidez. Llamó su atención, pues era la primera señal de vida que había en su bosque después de mucho tiempo de camino. Ignorado los peligros y curioso, se dirigió hasta la luz, que crecía y crecía cada vez más ante su sorprendida mirada. Esta luz, tenía que ser un algo inteligente, pues se movía constantemente para ser atrapada, se escondía detrás de troncos, piedras y el lodo que ahora era lo único que existía en el lugar.
Cuando la tuvo más cerca, se percató que no sólo emitía luz, sino también sonidos, pues bastaba que Zpiripitipi se tropezara o chocara con un tronco, para que de la lucecita también viniera un sonido muy parecido a una risa. Era lo más parecido a la alegría que había escuchado en meses. Por lo que con mayor insistencia decididamente, persiguió esa luz. Cuando por fin pudo tenerla más cerca, su sorpresa fue mayúscula. Se trataba de una enorme luciérnaga risueña y feliz. Pero cuando la luciérnaga, le dijo:_ Hola Zpiripitipi, te estábamos esperando-. Fue tal su susto que se golpeó la cabeza con una rama roída y seca de un encino.
Primero una luciérnaga feliz y segundo una luciérnaga que habla? No lo podía creer. Una vez, que hubo reaccionado y sin darle tiempo, la luz le dijo: - Sígueme-. Zpiripitipi, obedeció. Llegaron a un lugar, tal y como era antes su antiguo bosque. En donde todo, era color. Verdes árboles, violetas, amapolas creciendo sin ayuda a la orilla del camino. Grillos formando orquestas, ardillas juguetonas, venados, sol, mucho agua, es decir vida.
No podía creerlo, si este paraíso sólo estaba a unos cuántos metros de su bosque. Por qué ahí no estaban los pájaros azules bañándolo todo? En el árbol más grande de este hermoso paisaje, se encontraba cubierto por luciérnagas. Cuando llegó Zpiripitipi, todas volaron hacia el y lo elevaron por los aires, llevándolo hasta la ramas de éste mágico y hermoso árbol.
Desde ahí, el pudo divisar el panorama completo, por un lado este maravilloso sitio y por el otro, su bosque. Su querido bosque, cubierto de pájaros azules, sumergido en la tristeza. La luz sonriente le dijo: Te esperábamos. Lleva esta rama de nuestro árbol. A medida que recorras el camino de regreso a tu pueblo, verás lo que ocurre.

Zpiripitipi, nuevamente obedeció. Bajó del árbol y emprendió el regreso a casa, sin leche ni pan, pero con su rama mágica.
Mientras volvía, el color comenzaba a regresar. Podía ver algunas flores y escuchar el arrullo de un riachuelo. Sin darse cuenta cuándo o cómo, apareció un grupo de mariposas volando sobre de el. Y no pudo evitar sonreír como hace mucho no hacia. Cuando estaba ya frente a su casa, algo o alguien lo empujó a colocar la rama que traía consigo en un árbol, como si fuera una pieza de rompecabezas que faltaba en aquél sitio.
La colocó con sumo cuidado y cuando terminó, se hizo la mágia. Los pájaros azules emprendieron sigilosos su vuelo, tal vez a un nuevo sitio, nadie lo sabe. (La tristeza llega a donde sea. Lo importante no es que llegue, sino permitir que se quede para siempre). Y en su lugar comenzaron a caer del cielo violines y mariposas rasgando las cuerdas. Comenzaron a salir los habitantes y todos, todos sonreían.

7 comentarios:

Abril dijo...

quiero más ....

LUMPENPOETA dijo...

Llegué corriendo a terminar el cuento que leí en capítulos por la semana, al fin entendí todo el sentido, no podía adivinarlo, pájaros azules... hay que armarse de ramas para espantar tristezas y soledades, es la magia del movimiento de la vida.

Ya decía yo.. pero esa foto anuncia una hermosa que cuida la mirada, así me dije, es joven. Y andamos pasajeros de esta vida en iguales sintonías dejando letras que dan los pasos que no regresan. Saludos y abrazos hasya allá.

Ignacio J. Rivas dijo...

Bonito blog!

MauVenom dijo...

Mariposa

Antes que nada te pido una disculpa por no haber venido con anterioridad pero no han sido días fáciles pra navegar

aquí estoy

sorprendido y encantado con tu cuento pues nunca te había leído narrativa

me gustan mucho los relatos fantásticos, este es hermoso y lleno de un colorido que logras comunicar de manera muy eficiente.

Te mando un beso y espero que publiques más cosas como esta aparte de tu entrañable poesía.

Besotes.

la MaLquEridA dijo...

Con prisas vengo a saludarte, pero quiero que sepas que no me olvido de ti.


Saludos.

LUMPENPOETA dijo...

Mariposasalvuelo, Ely me dió un premio y yo lo comparto, toma mi barquito y si te gusta te lo traes y sino no hay problema. Te mandó un abrazo fuerte que te de más vuelo.

mariposasalvuelo dijo...

Les agradezco enormemente su compañía en estos lares. A últimas fechas he estado con muchas cosa por hacer, además de una pequeña depre que me trae medio azotada.
Los he estado sobrevolando en sus blogs aunque en silencio.
En serio mil gracias por no abandonarme. Muchos besos fríos para todos.

Ignacio... bienvenido y espero que te sigas asomando. Un abrazo.